Recursos Humanos: Cómo evitar convertirse en 'un dinosaurio' en la oficina

Aprender las nuevas herramientas tecnológicas es clave para los trabajadores.

Superar los 40 años supone para muchos profesionales haber alcanzado un cierto prestigio, pero también puede conllevar un sentimiento de inseguridad con respecto a los compañeros más jóvenes, que tienen 5.000 seguidores en Twitter y diseñaban páginas web en el instituto. A sus 50 años, Doug Gould reconoce que comenzó a sentir ansiedad cuando sus colegas de trabajo le empezaron a llamar tío Doug. “Me daba la sensación de que me estaban llamando viejo”, afirma Gould, director creativo de la agencia de publicidad Allen & Gerritsen, con sede en Boston, que empezó su carrera en 1984.

Para mucha gente en su situación, no hay lugar a dudas: para evitar ser desplazados conviene adaptarse cuanto antes a las últimas tecnologías, añadiendo a su perfil profesional conocimientos sobre redes sociales o aplicaciones móviles. Como ha aprendido Gould, para competir con compañeros más jóvenes que crecieron mandando mensajes de texto, usando Twitter y Facebook y jugando a los videojuegos, es necesario renovarse constantemente. Aunque cuente con un gran currículum, Gould es consciente de que no puede dormirse en los laureles.

“Hace 15 años, pensaba que lo sabía todo. De repente, fueron surgiendo tantas novedades tecnológicas de las que no sabía nada, que llegué a la conclusión de que, o conseguía adaptarme, o no tardaría en convertirme en un dinosaurio”, reconoce. En los últimos años, ha realizado varios cursos sobre nuevas tecnologías, en los que ha aprendido a familiarizarse con redes como Foursquare y programas como Adobe Muse. Gould también utiliza Twitter y consulta blogs.

Nuevos retos y desafíos

En lugar de delegar ciertas tareas a sus subalternos, este directivo sigue usando los programas de animación para generar productos creativos. “Si me limito a ser directivo y llega un momento en el que nadie necesita uno, difícilmente saldré adelante. Lo que me da sensación de seguridad en el trabajo es que soy un todoterreno”, asegura. También busca nuevos desafíos. Durante una década, trabajó en una gran agencia, Hill Holliday, donde se sentía muy cómodo. Sin embargo, hace dos años decidió dar un giro a su carrera, pasando a una agencia de tamaño mediano, Allen & Gerritsen, porque le pareció interesante ayudar a crecer a una empresa más pequeña. “Era algo que no había hecho y lo vi como un desafío”, dice.

Según los estudios, los trabajadores de más edad acumulan un grado de conocimiento difícilmente reemplazable. Sin embargo, en la última década, la falta de dominio de las últimas tecnologías es uno de los motivos que ha llevado a estas personas a perder su trabajo. Gould se plantea cómo sobrevivir en un entorno en el que la mayor parte de sus compañeros tienen entre treinta y cuarenta años. Cuando estaba cerca de cumplir los treinta, aprendió los últimos programas de diseño gráfico y tuvo ocasión de comprobar que muchos de sus colegas de más edad se quedaban en el camino. “Algunos no querían aprender o tenían miedo de hacerlo. Pensé que esto no podía pasarme a mí”, indica.

Cuando años después, las nuevas tecnologías dieron un giro a la industria de la publicidad, Gould pensó “menos mal que supe reaccionar a tiempo”. Al principio, se resistió a usar Twitter. “Pensé, ¿están de broma? ¿140 caracteres? ¿Eso es todo? ¿Ahora resulta que el mundo se resume en cuatro frases?”. Sin embargo, el otoño pasado hizo de Twitter el pilar de su proyecto City Year, una campaña publicitaria sin ánimo de lucro que ha conseguido superar los 20.000 de voluntarios.

Gould también intenta aprender de los compañeros más jóvenes. Ben Daly, de 33 años, es experto en diseño y arte digital. Gould se sentó a su lado hace dos años y le pidió que le explicara los cambios que estaba introduciendo en la página web de la agencia para hacerla compatible con tabletas y teléfonos móviles. Al revés, él todavía puede enseñar muchas cosas. Como explica Daly, a veces Gould asesora a compañeros más jóvenes con presentaciones a clientes e interviene cuando ve que están en un apuro.

Aunque ha conseguido dominar las redes sociales, no está tan inmerso en ellas como los profesionales más jóvenes. “Sólo recurro a Twitter cuando creo que tengo algo que aportar”, explica. También utiliza los blogs para hablar de política, deportes o temas personales y consulta Facebook. “Me gusta ser selectivo. Hay mucha presión para que participemos en todo, pero tenemos que establecer límites“, asegura.

Por la tarde, cuando llega a casa, le gusta desconectar: “No se puede escuchar a los niños mientras se está mirando una pantalla”, dice. “Trabajo 50 horas a la semana y cuando llego a casa intento centrarme en mi familia. La velocidad a la que cambia todo me hace sentir incómodo. Uno quiere pensar que todo va a seguir funcionando, pero no es así. No creo que sea fácil ignorar el temor al desconocimiento”, concluye.

Vía | Expansión